Ejercicio físico para una buena salud ósea

En los últimos años se han publicado un gran número de trabajos científicos que estudian los posibles efectos del ejercicio físico sobre el hueso, basándose en la relación que estableció J. Wolf a finales del siglo XIX entre la formación y la remodelación del tejido óseo y la acción de las cargas que se ejercen sobre él. Estudios científicos, sin duda alguna, muy importantes, al estar dirigidos hacia una patología prevalente en nuestra sociedad, ya que más del 40% de las mujeres y el 10% de los hombres mayores de 60 años presentan disminución de la densidad de su masa ósea (DMO), en sus distintos grados, osteopenia y osteoporosis.

Desde la infancia hasta la adolescencia la mineralización de la matriz ósea crece marcadamente a nivel de todo el esqueleto. Después, la masa ósea retarda su crecimiento en la medida que avanza la adolescencia y hasta adquirir el pico de masa ósea en la edad adulta. Este viene determinado por la DMO durante el crecimiento. A partir de la edad adulta el hueso sólo prolifera de forma natural en caso de fractura que necesita reparación, decreciendo la masa ósea alrededor de un 5% por año a partir de los 40 años, dependiendo del sexo y la raza.

Son diferentes los estudios que señalan que el ejercicio físico durante la infancia y la adolescencia produce un aumento de la masa ósea mucho mayor que el ejercicio físico realizado durante la edad adulta, y sitúan el período óptimo para adquirir un pico de masa ósea más elevado hasta los dos años después de la menarquía.

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